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Los profesionales de las artes gráficas sabemos que mantener la fidelidad del color en un proyecto no es una tarea fácil. Lo que estás viendo en pantalla, puede que se corresponda al resultado final… o puede que no. La clave para obtener resultados predecibles de la pantalla a la prueba y de ésta al producto final está en la gestión de color. CMYK y RGB la base del problemaLos monitores reproducen el color emitiendo luz de tres colores (RGB siglas de rojo verde y azul en inglés), mientras que la impresión produce los colores aplicando capas de tinta semi-transparente sobre el papel, normalmente usando los colores Cyan, Magenta y Amarillo, al que añadimos negro (CMYK son sus siglas en inglés), en algún momento del proceso tenemos que convertir nuestro trabajo de un espacio de color a otro. No todos los dispositivos son iguales. La Gama de colorPara complicar aún más la cosa, no todos los monitores tienen los mismos fósforos ni todas las tintas la misma composición, por lo que la gama de color que pueden reproducir varia de un dispositivo a otro aunque el modo en que reproduzcan los colores sea el mismo.Esto quiere decir que, por ejemplo, habrá colores que se podrán ver en un monitor concreto que no podrán imprimirse y que habrá otros que se podrán imprimir pero que el monitor no podrá representar. Que habrá colores que una impresora podrá representar y otra no, y todo tipo de combinaciones odiosas posibles. Los perfiles de color al rescateEl Consorcio Internacional del Color creo unas tablas representando todos los colores que el ojo humano puede ver, son lo que llamamos perfiles absolutos, ya que no dependen de ningún dispositivo, sino que son invariables y nos ayudan a realizar las conversiones.Cada dispositivo tendrá su propio perfil (lo que llamamos “perfil específico”) que relaciona como reproduce los colores con un perfil absoluto.Convertiremos los perfiles de un dispositivo específico a otro gracias a que los perfiles absolutos actúan como “puente” entre ellos, el encargado de realizar estas conversiones es lo que se conoce como un “motor de color”. Cada Dispositivo tiene tiene un color especialComo hemos visto cada dispositivo puede representar una gama de color distinta, por lo que la misión de los impresores es intentar ajustar los colores que quedan “fuera de gama” mediante nuestro criterio dependiendo del tipo de trabajo que tengamos entre manos (fotografías que necesitan alto contraste, colores corporativos que deben reproducirse exactamente…) Consejos para un color consistente-La mejor solución es realizar una calibración de nuestros dispositivos tanto monitores (con un espectrofotómetro) como impresoras o prensas (con densiómetros)-En caso de no tener acceso a estos dispositivos trabajar siempre en un perfil independiente del dispositivo (personalmente recomiendo Adobe RGB (1998)) e incrustarlo en nuestros archivos al salvarlos-Realizar el menor número posible de conversiones de color en cada trabajo-Entregar el trabajo en RGB, programs como Photoshop nos permiten previsualizar un trabajo bajo un perfil CMYK específico para asegurarnos como va a quedar, sin necesidad de convertirlo. Es preferible que está conversión la realice el impresor. ConclusionesEspero que este artículo sirva como pequeña introducción al complejo mundo de la gestión de color, se podria escribir un libro sobre él, pero espero no tener que ser yo quien lo haga.
JOSÉ MENOR
www.normaimagen.com; www.menor.biz
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