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ORNITORRINCOS
marzo 11, 2008, 9:51 am
Archivado en: Artículos

Paso la mayor parte de mi tiempo dibujando ornitorrincos, porque es un dato perfectamente contrastado que nadie ha muerto mientras se esforzaba en dibujar uno. La cuestión es que yo trato de abrirme paso día tras día, trato de conjugar las fuerzas inmanentes, de esconderme en las grietas del sistema. En mi caso, dibujar ornitorrincos parece funcionar; al menos por ahora. Por descontado que hay que olvidarse de dibujar casas, nubes y cosas así. Sobre todo nada de soles riendo ni ositos ni niños en el parque. Son modelos obvios, al alcance de cualquier imaginación primaria que coja un lápiz y empiece a garabatear. Además, también hay que tener en cuenta en este proceso el peso de la fe, de creer en lo que se hace; porque es cierto que hay miles, cientos de miles, de cosas que han sido dibujadas poco o nada (utricularias, etmoides, vorticelas, onicosis…), pero cada uno debe sentir la “cosa de este mundo” que le reclama. Y aunque siempre es necesario realizar una minuciosa investigación para focalizar la búsqueda, después hay que dejar que el instinto marque la estrategia. ¿Por qué si no llamarlo “arte”?En cualquier caso, me gusta dibujar ornitorrincos. Su variedad morfológica simboliza la lucha por adaptarse, por sobrevivir. ¿Y no es eso lo que todos deseamos? Seguir adelante, abrirse paso día  tras día, hincar el cayado una vez más. Afortunadamente, gracias a los recursos aprendidos a lo lar go de los años, el hecho de dibujar ornitorrincos todo el tiempo no se convierte en una actividad tediosa o frustrante. Uno siempre puede pintar una pata de rojo, y no repetir el color hasta años más tarde. Bien es cierto que es necesario mantener la constancia, vencer la tentación de copiarse o de cambiar de modelo, pero con disciplina todo el sistema se mantiene estable, y finalmente uno sobrevive.Mi mayor preocupación es que debo dibujar por encargo para ganarme la vida porque soy ilustrador. Casi todo lo que me piden es tan previsible, que trato de despachar los encargos lo antes posible, sorteando el sentimiento de culpa o la neurosis. No hay nada más oscuro que sufrir el sinsentido del mundo reclamándote una explicación. Como ahora, que el periódico me pide un dibujo para ilustrar la caída de la bolsa, y yo no hago más que darle vueltas para encontrarle un nexo con los ornitorrincos.

ANDRE ESTEVAN

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